Evolución e internacionalización como punto clave de crecimiento

Evolución e internacionalización como punto clave de crecimiento

En la era de la globalización, la internacionalización de las empresas es un factor clave para progresar, ampliar el abanico de clientes y aprender sobre nuevas culturas. Todo esto conlleva el desarrollo o la mejora de nuevos productos, como ha ocurrido en la empresa zaragozana especializada en estanterías, Ractem. Esta empresa cuenta con presencia en mercados ya consolidados, como Alemania, Francia y España, y ya se proyecta en otros.

En todos los procesos de salida al exterior hay un aprendizaje de base muy enriquecedor. No se trata sólo de estudiar el mercado y la competencia del país destino, sino también de estudiar y analizar esa sociedad; esto es: sus costumbres, su forma de vida y cómo el producto o servicio que se ofrece tiene mayor o menor acogida en un primer momento.

En este sentido, Ractem lo tiene claro. Es necesario ver y entender cómo son los almacenes logísticos en los países a los que quieren acudir. Esta comprensión implica el estudio de los que problemas se pueden encontrar, cuáles se pueden solucionar o cómo son las nuevas tendencias en organización y almacenaje.

Todo esto también tendrá que ver con la mentalidad de quien organiza y almacena. Se trata de una mentalidad entendida como colectiva y que resulta extrapolable a la sociedad alemana o francesa. Y es que el proceso de internacionalización es apasionante.

Salir fuera para crecer: una decisión de éxito

En un mundo globalizado, con un consumidor cada vez más informado y con muchas más opciones donde elegir, limitarse a un solo país es limitar el crecimiento,  la evolución. Es frenar algo que debería ser natural, sobre todo si se sabe que el producto puede tener cierta aceptación en otros lugares.

En el caso de España, intentar abrir mercado en Portugal, Francia o Italia no debería ser extremadamente difícil. Mientras se mantiene la producción en el país de origen, se pueden utilizar distintos almacenes en los lugares de destino, de manera que la rentabilidad sea mayor.

No tiene sentido abrir una fábrica en lugares tan cercanos. Aún más si cabe en los primeros años de pulsación de demanda y en un posible escenario de creación de marca.  Y es que, precisamente, es necesario en ciertas ocasiones crear marca en el destino para lograr más aceptación entre el público local.

Por otro lado, el mundo de internet ha abierto una nueva puerta al comercio exterior. Existen muchas empresas digitales cuya actividad no se desarrolla dentro de un marco físico, por lo que optar por no abrirse a otros países sería condenarse a no avanzar.

En otra línea están algunas empresas del sector hortofrutícola, ya internacionalizadas, que han tenido que abrir mercados nuevos ante el veto ruso para no caer en picado. China es uno de estos mercados, con todas sus particularidades.

Los organismos oficiales lo ven claro: internacionalizarse es clave

La Administración, por su parte, también está apoyando mucho la internacionalización de las compañías. Ya no se habla de grandes corporaciones como sucedía antes, ahora existen muchísimas Pymes dispuestas a explorar nuevos mercados. Además, se cuentan con muchos mecanismos de ayuda para ello.

Al respecto, podemos encontrar apoyos estatales, autonómicos y locales.  Algunas de estas acciones son viajes, ferias y reuniones bilaterales en las que se otean las oportunidades que existen en el país destino.

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